TEMPLELOGIA

Centro Español de Templelogia.
Priorato Ibérico san Bernardo

sábado, 22 de octubre de 2011

LA ORDEN DEL TEMPLE Y LA IGLESIA CATÓLICA

Se han escrito cientos de libros, unos serios otros menos, acerca de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo. En muchos se habla de los misterios que rodean a la Orden, en otros se habla de sus hazañas, otros, los más cercanos a las tesis vaticanas, pretenden ser más históricos y se refieren exclusivamente a las pruebas científicas y a lo que la Iglesia de Roma ha permitido conocer de la más poderosa Orden de Caballería de la Historia.

Lo cierto es que es muy poco lo que se sabe del origen de la Orden Templaria; ni siquiera podemos conocer con seguridad en dónde, en qué momento, y porqué nace la primera institución monástica-guerrera de la cristiandad (por cierto, este modelo lo tomó san Bernardo de una Orden similar en el ámbito musulmán)

Tampoco podemos concluir con rotundidad quién es el primero en pensar o imaginar la Orden. ¿Fue san Bernardo y este místico y erudito buscó a los guerreros entre sus conocidos? ¿Fue el conde de Champaña quien buscó a Hugo de Payns para reclutar a los otros 8 caballeros? ¿Fue Hugo de Payns quien conveció al resto y después a su señor el Conde?

Podemos asegurar que alrededor de la Orden del Temple hay muchas más oscuridades que luces en cuanto a saber qué pasó. Podemos afirmar que hay muchas más lagunas por llenar, pese a la enormidad de líneas escritas, de lo que los historiadores, presuntos nuevos templarios y la propia Iglesia de Roma (bajo la que nació la Orden... ¿o no?) nos quieren hacer creer.

Una duda que siempre me ha asaltado es saber si la Orden Templaria, hoy en día (aunque oficialmente no existe, lo cierto es que está bien viva; y no precisamente en las pseudo órdenes modernas) e incluso los que amamos a los freires templarios y nos consideramos por ello emocionalmente templarios, debemos considerarnos hijos de la Iglesia vaticana.

Esto, que puede parecer ser digno de anatema, es una duda más que razonable. Y no lo expreso por el origen incierto, los objetivos nada claros que tuvo al nacer, por los fundadores físicos e intelectuales, que bebían más de las corrientes celtas que romanas. Lo digo por el final oficial que tuvo la Orden del Temple, siendo condenada por Roma, por un Papa, apartándola de la comunión cristiana y del maternal manto de la Iglesia.

He leído casi siempre que los nuevos templarios se consideran absolutamente católicos, expresando que, de otra forma, no podrían considerarse templarios. Pareces olvidar estos freires que fue la Iglesia Católica quien apartó a los hermanos de su seno. Los vendió, les asesinó, les robó, les apartó de la comunión... Les traicionó.

Hay un dato que apenas se lee en la miriada de escritos sobre la Orden. Tanto el rey de Francia, Felipe IV, al que yo llamo Felipe el asesino, compinche del Papa Clemente V, el Papa más indigno de la cristiandad, decidieron acabar a sangre, tortura y fuego con la Orden de los Pobres Caballeros. Que en la Francia (si se la puede llamar así) de Felipe el asesino se eliminara la Orden se entiende; era su objetivo político-económico (el del Papa Clemente el Indigno era otro) Pero que también lo hicieran los otros monarcas europeos, implica que fue a la Iglesia de Roma a la que más le interesaba la desaparición del Temple. Y fue la Iglesia romana la que movió los hilos, por sus intereses anti evangélicos, la que tras finiquitar oficialmente a la Orden, la apartó sine die de su seno. Y esto reza hasta hoy.

En el año 2011, bajo el reinado (que no tanto apostolado) de Benito XVI, todavía Vaticano no ha pedido perdón por el genocido. No se ha retractado de sus actos (pese al documento de Chinnon) Y, sobre todo, no ha pedido u ofrecido a la Orden, a los freires, a los que seguimos la filosofía amorosa y cristiana del temple nuestra vuelta al seno de la Iglesia.

Por ello, considerarse templario y considerarse catolico-apostólico-romano, lleva a la duda.

No es que no se pueda dar; se da. Pero hay que ser consciente de la realidad. Los templarios nos debemos sentir hermanos en Cristo, miembros de la Iglesia como Cuerpo del Señor, pero no tenemos porqué considerarnos hermanos de un papado (todos los papados de la historia están unidos hasta ser uno solo) que no nos quiere en su hermandad.

Próximo tema: quién pergeño el fin de la Orden: Felipe o Clemente.

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